¡20 años!

Mercado Colombia

De vender computadores a diseñar soluciones: lo que cambia cuando el cliente es una empresa

Qué cambia al vender hardware para inteligencia artificial a universidades y empresas en Colombia: configuraciones, tiempos, presupuestos y por qué el detalle i

Workstation Tauret con Threadripper PRO 9995WX y dos NVIDIA RTX PRO 5000 Blackwell de 72GB

Workstation Tauret con Threadripper PRO 9995WX y dos NVIDIA RTX PRO 5000 Blackwell de 72GB

Llevo diez años en Tauret. Durante buena parte de ese tiempo vendí computadores a personas: al que arma su equipo para jugar, al que edita video, al diseñador, al que necesita una máquina para trabajar. Con el tiempo uno aprende a escuchar qué necesita cada cliente y, sobre todo, a entender que no siempre se trata de vender el equipo más potente, sino el que realmente tiene sentido para lo que va a hacer.

Pero desde hace varios años también hemos venido construyendo equipos de muy alto rendimiento para necesidades profesionales específicas. Son configuraciones que están dentro del mundo de las workstations, estaciones de trabajo pensadas para cargas de trabajo mucho más exigentes que las de un computador convencional.

En Tauret, esa experiencia se ha desarrollado también a través de nuestra línea de workstations Tauret Zafiro.

Lo que empezó a cambiar recientemente no fue nuestra capacidad para construir este tipo de equipos, sino la cantidad y el tipo de clientes que empezaron a buscarlos.

Con el crecimiento de la inteligencia artificial, comenzaron a llegar empresas y universidades preguntando por equipos para desarrollar proyectos que necesitan una capacidad de procesamiento muy alta. Ya no era solamente alguien buscando una workstation para diseño, edición o renderizado. Ahora había instituciones pensando en entrenamiento de modelos, laboratorios y proyectos de investigación.

Y ahí fue donde mi trabajo empezó a cambiar.

El hardware era conocido. El cliente era diferente.

Para mí, la transición al mercado corporativo no fue empezar a aprender hardware desde cero. Esa parte ya la traíamos.

Lo que cambió fue la conversación.

Cuando una persona llega buscando un computador, normalmente hablamos directamente de lo que necesita hacer: qué programas usa, qué juegos quiere correr, qué tipo de edición hace, cuánto presupuesto tiene. La decisión puede ser importante, pero normalmente hay una persona tomando la decisión.

Con una empresa o una universidad es diferente.

Hay un proyecto detrás, hay un presupuesto, hay tiempos, hay varias personas involucradas en la decisión y, muchas veces, la configuración que se compra hoy tiene que poder responder a las necesidades de los próximos años.

Entonces la pregunta deja de ser solamente “¿qué computador necesita?” y empieza a ser “¿qué solución necesita para este proyecto?”.

Eso cambia bastante la forma de asesorar.

Una workstation no se configura mirando solamente las especificaciones

En los equipos de alto rendimiento, uno puede caer fácilmente en la idea de que la mejor configuración es simplemente ponerle los componentes más potentes.

Pero no funciona así.

Hay que entender para qué se va a utilizar el equipo, qué tipo de cargas de trabajo va a manejar, qué componentes son realmente determinantes para ese proceso y qué margen de crecimiento debería tener.

Eso es algo que ya hacíamos con los equipos de alto rendimiento que construíamos antes. Lo que cambió fue la escala de los proyectos y la cantidad de variables que hay que tener en cuenta.

Una de las experiencias que mejor me mostró esa diferencia fue la de una universidad de Bogotá.

Con ellos hicimos entre cuatro y cinco configuraciones antes de concretar la venta. Cada cierto tiempo volvían con un ajuste: súbeme la RAM, quiero esta tarjeta de video, cambiemos el procesador.

Al principio uno podría pensar que el cliente está indeciso. Pero realmente no era eso.Estaban construyendo el equipo con nosotros.

Cada versión los acercaba un poco más a lo que necesitaban y, al mismo tiempo, a lo que realmente podían invertir.

Habían cotizado inicialmente un equipo bastante más robusto, pero el presupuesto no alcanzaba. Entonces el trabajo no era venderles el equipo más caro. Era encontrar la mejor relación entre lo que necesitaban, lo que podían invertir y lo que querían poder hacer más adelante.

La configuración también tiene que pensar en el futuro

Al final terminamos con una configuración basada en un AMD Ryzen Threadripper PRO 9995WX, con 96 núcleos y 192 hilos, acompañada por dos NVIDIA RTX PRO 5000 Blackwell de 72 GB y una cantidad de memoria RAM menor a la que inicialmente habían solicitado.

Pero para mí, lo importante no era solamente lo que llevaba el equipo, era lo que dejamos preparado para después.

La configuración quedó pensada para poder escalar. Dejamos espacio para incorporar más tarjetas y aumentar la memoria RAM cuando la universidad tuviera nuevamente el presupuesto para hacerlo, eso es parte de la asesoría.

Si uno arma el equipo tratando de gastar hasta el último peso desde el principio, puede terminar con una máquina que funciona muy bien hoy, pero que obliga al cliente a reemplazarla cuando sus necesidades crecen.

Si se piensa desde el comienzo en la posibilidad de escalarla, la inversión puede acompañar el proyecto durante más tiempo.

 

Lo que aprendí de venderle al usuario final

Hay algo que sí me llevé de todos esos años vendiendo computadores a personas: la paciencia. Acompañar a alguien durante una compra importante es algo que se parece mucho en ambos mercados. La diferencia es cuánto puede durar ese proceso.

En una institución, una compra de este tamaño puede pasar por estudios internos, revisiones de presupuesto, diferentes personas tomando decisiones y varias versiones de una misma propuesta.

Entonces uno no puede estar presionando para cerrar, hay que poder acompañar el proceso.

También me sirvió algo que siempre hemos hecho en Tauret: entender el hardware más allá del catálogo. Una cosa es saber que un procesador tiene determinada cantidad de núcleos o que una tarjeta tiene cierta cantidad de memoria. Otra muy diferente es entender qué significa eso para el trabajo que el cliente realmente quiere hacer.

Y creo que esa diferencia es todavía más importante cuando hablamos de una workstation.

Cuando el computador es parte de un proyecto

Eso es probablemente lo que más ha cambiado para mí. Antes estaba acostumbrado a que el cliente llegara buscando un computador, ahora muchas veces llega buscando una solución para un proyecto.

Y eso obliga a hacer más preguntas: ¿Qué van a hacer con el equipo? ¿Qué necesitan procesar? ¿Qué presupuesto tienen? ¿Qué esperan poder hacer más adelante? ¿La configuración tiene que crecer? ¿Qué parte del hardware es realmente crítica para ese trabajo?

La respuesta no siempre es la máquina más grande ni la más costosa, es la que tiene sentido para el proyecto.

Y ahí es donde creo que nuestra experiencia previa con equipos de alto rendimiento se vuelve importante. Cuando este tipo de soluciones empezó a ser más demandado, no estábamos empezando desde cero. Ya habíamos construido y trabajado con configuraciones de workstation y equipos de alto rendimiento; lo que cambió fue que ahora había muchas más empresas e instituciones buscando ese conocimiento.

Diez años después, la pregunta sigue siendo la misma

Pasar de venderle principalmente al usuario final a trabajar con empresas y universidades sí cambió muchas cosas.

Las cotizaciones son más largas, las decisiones involucran a más personas y los proyectos pueden tomar mucho más tiempo. Pero hay algo que no cambió, la primera pregunta sigue siendo la misma:

¿Para qué lo necesitas?

Porque al final, vender hardware no se trata solamente de conocer componentes, se trata de entender qué quiere hacer el cliente con ellos y construir, a partir de eso, una solución que realmente funcione.

Eso es lo que hemos hecho durante años con computadores de alto rendimiento. Y ahora que más empresas y universidades están buscando este tipo de infraestructura, esa experiencia tiene un espacio mucho más grande dentro de nuestro trabajo.

Lo que cambió fue el tamaño de la decisión del cliente y el nivel de detalle que hay que dominar, lo que no cambió es lo de siempre: preguntar primero para qué es y recomendar lo que de verdad funciona.

Foto de Jhon Bravo
Sobre el autor

Jhon Bravo

Gerente Corporativo
Mantente al día

Suscríbete a nuestro Newsletter

Novedades, promociones y contenido exclusivo.