El 2 de abril del 2025, Trump anunció lo que él mismo bautizó como "Liberation Day": una tanda de aranceles a casi todos los socios comerciales de Estados Unidos. A China le pusieron 34% adicional ese día, que sumado a lo que ya venía del primer trimestre dejaba el acumulado cerca del 54%. Para mucha gente eso sonó a noticia internacional lejana. Para nosotros, que cerca del 90% de la mercancía que vendemos viene de China, fue un golpe directo.
Y aparte, para esas mismas fechas el dólar en Colombia estaba bordeando los $4.300. O sea, doble subida al mismo tiempo sobre el costo final de todo lo que importamos. Lo uno encima de lo otro.
Cuando Miami dejó de cuadrar
Por años, como buena parte del sector, nosotros importábamos vía Miami. Allá hay mayoristas grandes, los tiempos son cortos, y para volúmenes medianos la matemática siempre cerraba. Después de Liberation Day esa matemática dejó de cerrar. Los precios en Miami absorbieron el nuevo arancel rapidísimo, sobre todo en las categorías de mayor valor unitario.
Lo que más sufrió fueron tarjetas de video y procesadores. La razón es simple: un porcentaje de impuesto pesa muchísimo más sobre un producto caro que sobre uno barato. Una RAM aguanta el golpe, una GPU de gama alta no.
Uno piensa enseguida: bueno, traigámoslo directo desde Asia. Y sí, esa terminó siendo la respuesta. Pero no fue ni la primera idea, ni la más fácil.
El intento por aire que no funcionó
Antes de meternos con contenedores marítimos probamos algo más ágil: traer cantidades pequeñas por avión, directo desde Asia. En el papel se ve bonito —pocas unidades, llegada rápida, sin pasar por Estados Unidos—. Lo intentamos y nos dimos cuenta de que no servía. El costo del flete aéreo sobre pocas unidades se come todo el ahorro en impuestos. El precio final quedaba casi igual al de seguir comprando en Miami con los aranceles encima. De esas cosas que solo se aprenden cuando uno las prueba.
Así que la única vía real era el barco. Y ahí aparecen otros chicharrones.
El problema de las 15.000 tarjetas
Un contenedor 40HQ —el estándar para importación marítima— lleno solo de GPUs equivale a unas 15.000 tarjetas. Cuando uno dice ese número en voz alta da risa. Ningún importador en Colombia vende 15.000 GPUs en un ciclo razonable, por más grande que sea. Si llenas el contenedor con un solo producto te quedas con inventario muerto durante meses. Si lo dejas a medio llenar, el costo unitario se dispara y vuelves al punto de partida.
Tocó mezclar producto en el contenedor: combinar GPUs con procesadores, con otros componentes. Y para que el mix tuviera sentido comercial, hubo que abrir relaciones con marcas que antes no manejábamos directamente. Más marcas, más negociaciones, más SKUs que aprender a mover, todo al tiempo.
A eso se suma el tema del tiempo, que no aparece en la factura pero pesa igual. Entre Miami y Asia hay un diferencial de tránsito que puede llegar a los dos meses. O sea que decisiones de compra que antes se tomaban con dos o tres semanas de anticipación, de un momento a otro había que pensarlas con un trimestre por delante.
Lo que nos permitió pivotar
Si hay algo que me llevo de todo esto, es que el pivote no se hace en una semana. Pudimos hacerlo porque ya teníamos historial importando desde los dos lados —Estados Unidos y Asia—, sabíamos cómo se mueven los trámites en cada origen, y teníamos contactos con marcas que respondieron cuando los necesitamos. No fue improvisación, fue echar mano de contactos que llevábamos años haciendo, aunque ni siquiera los teníamos pensados para usarlos así.
Lo que sí aprendí del 2025 es que en este mercado las decisiones se toman con tres cosas: cabeza fría para no reaccionar a la primera noticia, información actualizada para entender qué está pasando de verdad, y contactos que te avisen antes de que el problema te golpee. Las tres tienen que estar listas antes del golpe, porque cuando ya estás adentro no hay tiempo de construirlas.
El mercado tecnológico colombiano siempre ha sido volátil. Stock, impuestos, devaluación del peso, cambios de gobierno acá y allá. Lo único que cambia es de dónde viene el próximo golpe.
