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Computex: una década aprendiendo que los negocios se hacen entre personas

Nueve años, varios viajes a Taipei y una década de lecciones después. Lo que aprendí en Computex no estaba en el piso de la feria — estaba en las personas.

Jefferson Cudris de Tauret junto a Carolina Fu de MSI durante su primer Computex en Taipei, Taiwán, 2017.Mi primer viaje a Co

Jefferson Cudris de Tauret junto a Carolina Fu de MSI durante su primer Computex en Taipei, Taiwán, 2017.Mi primer viaje a Co

Mi primer Computex fue en 2017. Han pasado nueve años desde entonces, y aunque después hubo otras asistencias hasta llegar al de 2023, ese primer viaje sigue siendo una referencia para mí. No tanto por lo que aprendí del evento en sí, sino por lo que aprendí de mí mismo y de cómo funciona realmente el mundo de los negocios.

Tengo que confesar algo: ese primer viaje a Computex no era el objetivo principal. Mi destino real era Melbourne, Australia, donde iba a visitar a una muy buena amiga. Computex fue una parada complementaria. Yo ya viajaba mucho en esa época, así que pensé en aprovechar y hacer una escala técnica en Taiwán antes de regresar a Colombia. No iba con la intención de hacer un viaje de trabajo como tal.

El contexto: Tauret en 2017

Para entender por qué este viaje fue importante, hay que entender dónde estábamos. En 2017 éramos un pequeño local en Unilago. Nuestra primera marca directa había sido Kingston, y la segunda fue MSI portátiles. Recuerdo claramente la visita de Sonia Lan, que en ese momento era Country Manager de MSI para Argentina. Llegó a Colombia a raíz de unos portátiles de gama alta que vendimos y que ella nos ayudó a conseguir. Ese fue el origen de nuestra relación con MSI y, de cierta manera, el comienzo de mi relación con Taiwán y con las marcas asiáticas.

Sonia fue quien abrió la puerta. Después llegó Carolina Fu, que tomó el relevo como Country Manager para Colombia y se quedó construyendo con nosotros la relación desde acá. Hoy, casi una década después, Carolina lleva una región de unos ocho países a su cargo. Su crecimiento profesional ha corrido en paralelo al de Tauret, y eso es algo que no es menor — cuando las personas con las que empezaste a relacionarte crecen contigo, las relaciones también maduran.

Que una marca de talla mundial se interesara en una tienda como la nuestra era, francamente, asombroso. Nuestras expectativas en ese momento eran limitadas. No sabíamos hasta dónde íbamos a llegar.

Llegar a Taipei por primera vez

Llegar a Taipei la primera vez es una experiencia que es difícil de describir. Es una ciudad que, incluso una década después de estarla visitando, me genera una especie de nostalgia, una conexión especial. No sé si es algo que se construyó con el tiempo, con la relación laboral y personal que he ido teniendo con ese país, o si el shock cultural de esa primera vez me impactó tanto que dejó algo guardado en mí que después siguió creciendo.

Soy un viajero que se acomoda fácilmente en cualquier lugar. Recuerdo haber llegado a un Airbnb sencillo, sin más equipo que un micrófono y la cámara de un celular no muy buena. Y aquí viene el primer aprendizaje: hace nueve años el contenido digital no se trabajaba como hoy. Yo no iba preparado para grabar. Ese fue uno de los primeros errores que cometí, aunque en ese momento ni siquiera lo veía como un error.

Cuando haces este tipo de viaje como dueño de una compañía, hay dos vertientes que se cruzan: el networking con marcas y proveedores, y la creación de contenido. En esos primeros viajes el networking pesaba mucho más. Las redes sociales no estaban tan fuertes, el formato de video corto no existía, había que hacer videos largos de YouTube — que eran y siguen siendo complicados de producir — y el consumo era completamente distinto.

Lo que no sabía que no tenía

Antes de ese primer viaje yo tenía mucho miedo. Y tenía razones reales para tenerlo. Había una timidez natural para relacionarme de manera laboral con personas tan lejanas. Mi inglés no era muy bueno. No hablaba mandarín. Y, lo más importante, no teníamos unos estados financieros que nos permitieran presentarnos adecuadamente frente a estas marcas o solicitar líneas de crédito.

Pero ese viaje me enseñó algo que sigo aplicando dos décadas después: los negocios se hacen entre personas.

Es increíble que los primeros créditos y oportunidades reales que tuvo la empresa no fueron respaldados en nuestros papeles o balances financieros. Fueron respaldados en el relacionamiento que se construyó en ese primer Computex. En la química que se logró con esas marcas — algunas también arrancando, otras ya con recorrido. Estrechar la mano, mirar a los ojos, inspirar confianza. Eso abre puertas que ningún estado financiero abre.

Lo que aprendí también: ellos también nos necesitaban

Hay algo que en 2017 yo no veía con claridad. Me sentía pequeño al lado de estas grandes marcas, sí, pero la verdad es que ellos tampoco tenían en Colombia empresas que apostaran por ellos en el sector gaming. El mercado nacional estaba enfocado en otros tipos de producto, y las empresas grandes les habían cerrado la puerta.

Haber sido de los primeros que apostó por ellos también nos favoreció. Esa lealtad se mantuvo. Claro, después llegaron más jugadores al mercado, pero el relacionamiento principal se conservó. Nuestra relación con MSI, una década después, sigue siendo una de las más fuertes que sostenemos.

Cómo funciona realmente Computex

El piso de la feria es impresionante. Todo en Taiwán es muy organizado — yo creo que la cultura asiática tiene esa virtud arraigada en lo más profundo de su sociedad. Ese miedo inicial al viaje, al idioma desconocido, a lo desconocido en general, se disipa rápido cuando ves la capacidad organizacional que tiene esta gente y lo segura que es la ciudad.

La primera vez recorrí Computex como un visitante más. Caminando por los pasillos, sorprendiéndome con uno u otro producto. Cuando veía algo interesante me acercaba al stand, pedía una tarjeta, daba la mía, intercambiaba una conversación básica en inglés — muchas veces ayudado con el celular, sinceramente —, dejaba claro qué me interesaba y dónde estaba. El seguimiento real se hacía después, ya desde Colombia, por correo electrónico.

Pero ese trabajo de pasillo no es lo más importante de Computex. Lo más importante pasa de noche.

Lo que pocos cuentan: las noches

Después de cada día de feria, las marcas organizan sus propios eventos. Una noche es la fiesta de MSI, la siguiente la de ASUS, así sucesivamente. Es en esos espacios — no en el piso de la feria — donde realmente se construyen las relaciones.

Estar físicamente ahí pesa. Que una marca te tenga de frente y diga "tú eres el representante de una tienda tecnológica en Colombia, estás acá" — eso es muy distinto a un correo o una llamada. El esfuerzo de desplazarte hasta el otro lado del mundo es leído por la otra parte como una señal significativa de compromiso. Y lo es.

Eso también me sorprendió de ese primer viaje: descubrir que al otro lado del mundo, en un nicho muy específico de la industria de la tecnología, había gente que ya conocía a Tauret. Eso es impactante cuando vienes de una tienda en un centro comercial con proyecciones limitadas. Creo que las redes sociales — que ya en esa época trabajábamos con seriedad — hacían que las marcas internacionales nos percibieran un poco más grandes de lo que realmente éramos.

La evolución del viajero

En los viajes siguientes a 2017, ya con la intención clara de hacer contenido, había que cargar con cámaras profesionales, gimbal, micrófonos. Prácticamente viajaba con tres maletas: una de ropa y dos de equipo para grabar.

Y los viajes los hacía solo. La empresa no estaba en condiciones de costear un segundo empleado que me acompañara, ni tampoco viáticos. Los viajes los pagaba yo.

Hacer ese viaje solo, con toda esa carga electrónica encima, terminó enseñándome algo que duele admitir: cuando intentas hacer las dos cosas a la vez sin un equipo, no haces bien el contenido y quedas mal en las citas. La marca espera que te reúnas con ellos de manera administrativa, profesional. Tú estás esperando crear contenido del viaje. Esas dos razones del viaje, si no las separas conscientemente y no logras el cometido en ambas, se canibalizan.

Hay una anécdota que recuerdo con claridad. En uno de esos viajes con un empleado, llegamos a Colombia y nos dimos cuenta de que la mitad del material estaba mal grabado. El sonido había quedado mal. Es el tipo de cosas que simplemente no se puede recuperar. Cuando estás del otro lado del mundo y descubres después que no tienes lo que fuiste a buscar, eso enseña.

El viaje de 2023: pasar el listón

El último Computex fue en 2023. Fui con Esteban Choconta, nuestro director comercial actual. Y creo que fue el viaje más maduro que he hecho. Ya no estaba ahí en posición de aprendiz nervioso. Estaba en posición de maestro: enseñar, delegar, transmitir el conocimiento acumulado en una década de viajes. Que él también aprendiera a hacer este relacionamiento, a moverse en estos espacios. Viajar con el equipo le da un toque distinto a cada viaje.

Con el tiempo, el propósito del viaje madura. Pasa de estar enfocado en las novedades de los productos que se muestran en el piso, a estar enfocado en el mantenimiento del relacionamiento comercial de años. Termina siendo un mix de los dos.

Lo que veo ahora mirando atrás

Algo que me llena de orgullo — y lo digo sin ánimo de sonar egocéntrico — es ver que en 2017 fuimos la primera tienda de Colombia en cubrir presencialmente este tipo de eventos. Nadie más lo hacía. Colombia no ha sido un mercado líder en influencers tecnológicos, así que en esa época era disruptivo que un canal de venta — es decir, una tienda — lo hiciera. Ese era el valor agregado que queríamos dar: "Sí, somos una tienda y necesito que me compres las cajas que tengo en la vitrina. Pero mira el contenido que te puedo dar, mira lo que estoy haciendo y que nadie más está haciendo."

Esa decisión de hace una década es la que empezó a diferenciarnos en el mercado y nos llevó al reconocimiento que tenemos hoy en el nicho.

Y aquí viene algo que me llena más todavía: en el último Computex me encontré con ocho o diez empresas que son competencia nuestra en Colombia. Para ellos era el primero o segundo viaje. Apenas empezando a hacer este tipo de contenido. Lejos de molestarme, me parece muy bonito. A la final estamos en una industria donde crecemos juntos y apoyándonos. Saber que somos un referente, que la gente ha mirado lo que hemos hecho todo este tiempo y ha querido copiar las buenas prácticas — eso me llena de orgullo. Y me parece bien que otros canales que también eran pequeños y ahora son un poco más grandes puedan permitirse este tipo de cosas.

Lo que le diría al Jefferson de 2017

Si pudiera hablar con el Jefferson que estaba a punto de tomar ese primer vuelo a Taipei en 2017 — o si pudiera hablar con cualquier empresario colombiano joven que está dudando si hacer su primer viaje internacional — le diría lo siguiente:

Haz ese viaje. Así te endeudes. Así no sepas qué te espera del otro lado. Hazle caso a la intuición.

Y algo igual de importante: cuida tu comportamiento personal y el de tu empresa. Incluso en una era donde todo es digital, donde una aseguradora solo mira tus números y tus balances, incluso en este 2026 — los humanos seguimos confiando en otros humanos. En la palabra. En los valores.

A la final eres un nombre en una industria. Y eso termina pesando mucho más de lo que imaginas.

Foto de Jefferson Cudris
Sobre el autor

Jefferson Cudris

CEO